jueves, 18 de junio de 2009

Best-seller

Publicada el 9 de enero de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Los adolescentes ya se sabe cómo son. Tan volubles en sus gustos, tan manejables en sus preferencias que la industria del libro (¿a que el sintagma parece una paradoja semejante a aquella otra del pensamiento navarro?) ha conseguido varias veces congregarlos por centenares a las puertas de las librerías. El objetivo era hacerse con los primeros ejemplares de algún episodio de la saga de Harry Potter, y hacerlo pronto por si la magia del gafotas se esfumaba si no se leía con presteza (cuando los chicos crecen, hacen colas que dan dos vueltas a la manzana de la Fnac para conseguir entradas de Springteen, pero eso es otra cosa). Por lo común, a los adultos no se nos trata de la misma manera, pero ayer casi ocurre porque se puso a la venta el tercer libro de Millenium, última novela de un noruego que escribió tres librotes de gran tamaño y títulos largos antes de tener la mala pata de morirse. El personaje más singular es una dudosa heroína, una chica anoréxica y de aspecto andrógino, maltratada de pequeña y criada en cualquier sitio, borde, desconfiada y absorbente, una suerte de pícara de estos días dotada de una inteligencia prodigiosa para la informática, el equivalente al mercadillo del siglo dieciséis en lo tocante a los lugares donde mejor puede uno afanar lo ajeno. El asunto fue noticia de los informativos desde el miércoles y, sin descartar que para conseguirlo la propia industria del libro haya utilizado todas las trapacerías propias del peor capitalismo, parece buena noticia que la venta de un libro sea noticia. Y eso que ya los enciclopedistas del XVIII aseguraban que casi todo el mundo leía novelas, por más que fuese un género sin ningún valor en sí mismo.


viernes, 12 de junio de 2009

Ilusión

Publicada el 5 de junio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

L
os sindicatos dicen que tenemos que dejar la economía especulativa y volver a la economía productiva. Lo dicen convencidos de estar mostrándonos el camino cierto para conquistar el futuro y no se dan cuenta de que sólo nos enseñan el viejo sendero del pasado. Evidentemente, por el verbo. Volver. ¿Quién quiere volver a algún sitio sino el que es incapaz de seguir caminando hacia adelante? Pero no sólo por el verbo. La noticia de hoy es que ayer un club de fútbol (que por definición es una entidad dedicada a promocionar el juego, el puro azar) va a pagar a otro club de fútbol casi cien millones de euros por un bien (supongámoslo que lo es) intangible, cual es la capacidad de pagarle durante cinco años otros cien millones a un tipo cuya misión consistirá en hacer cualquier cosa menos trabajar, si nos atenemos al significado decimonónico del verbo «trabajar», ese que manejan los sindicatos. Lo curioso es que nadie duda de que el Madrid recuperará semejante dineral porque de ahora en adelante venderá en todo el orbe el mismo humo que acaba de comprar, y la ilusión de millones de chinos, de australianos y de indios aymarás devolverá el capital con todos sus réditos. Con Florentino ha llegado el fin de la crisis y no sólo la del Madrid ¿No se lo cree? Lea la prensa: dos horas depués del anuncio del acuerdo entre los clubes, el FMI corregía al alza las expectativas de crecimiento para 2010. No es nuevo: no es el trabajo sino la ilusión la que mueve el mundo.

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viernes, 5 de junio de 2009

Que no la cierren

Publicada el 5 de junio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

S
i leyó usted la columna de Paco Page el sábado de la semana pasada, no hace falta que lea esta. Vaya a la primera página y lea el periódico como es debido: desde el principio.
Pero por si acaso no lo hizo, diré, para empezar, que no sé si llego tarde. Aunque no sé si es posible llegar a tiempo. La noticia que me ocupa es que quizás La Tribuna de Cuenca está a punto de desaparecer. Cualquiera que lea los periódicos de vez en cuando pudo empezar a suponerlo hace unas semanas, cuando se hablaba de crisis financieras, deudores difíciles y cosas por el estilo. Pero siempre quiere uno creer que la voluntad de las personas puede ser superior a la inevitabilidad de los acontecimientos, sobre todo cuando éstos son nefastos. Un periódico de provincias puede ser el sustituto de un patio de vecinas que se ha hecho un poco grande para seguir hablando a voces; un álbum de fotografías de campeonatos alevines de cualquier cosa; una colección de los mismos señores firmando las inauguraciones del día o inaugurando las firmas de la semana o el lugar donde mirar la cartelera antes de salir de casa, aunque generalmente es más que eso, y por eso existen intereses para mantenerlos o para hundirlos. Pero, sea lo que sea, La Tribuna debe seguir estando en el mostrador del bar donde desayuno porque lo contrario sería una pista para pensar que, por mucho que se diga, la ciudad en la que vivimos no va a más, sino uno poco a menos cada día.
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