Si permitimos la quiebra de Bankia, miles de pequeños ahorradores y cientos de grandes especuladores perderán su dinero. Además, unos miles de empleados irán al paro. No somos lo suficientemente capitalistas como para permitir ese desastre y, como eso lo saben los dirigentes, han jugado durante años al monopoly en lugar de desempeñar un trabajo. Las ganancias eran buenas para ellos y las pérdidas también porque, llegado el caso, se taparía el agujero con el dinero de todos los demás. Los directivos de los bancos solo se atribuyen responsabilidad por las ganancias y nunca por las pérdidas, y además lo hacen con la chulería del tal Goirinoséqué: se ha perdido porque tenía que perderse y aqui no se devuelve nada; ahora, todos ustedes paguen sus putos impuestos para que yo viva mejor que nadie y, si vuelvo a perder al monopoly, pues ponen más cuartos y en paz, que yo me llevaré lo mío, pase lo que pase. Lo peor es que las leyes los amparan. El mismo código que impide meterlos en la cárcel, desposeerles de sus ganancias inmorales para empezar a enjugar las pérdidas, es el mismo que pone a los trabajadores en el filo cada vez más estrecho de una navaja. Si un extraterrestre nos viese por el ojo de la cerradura se sorprendería de cómo tantos millones aguantamos el ultraje permanente de una casta cuyos privilegios ya hubiesen querido para sí los faraones. Al paso que vamos, un cambio legislativo no servirá de nada y lo que necesitaremos será una revolución que cambie el sistema. No tenemos una ideología que rehaga las cosas de pies a cabeza pero, aun así, ¿cuántos parados más tendrá que haber en las listas antes de que la chusma asalte los palacios de tantos ladrones y se reparta el botín de sus griferías de oro? La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento.
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(se ve mejor con Firefox)
miércoles, 30 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Escuelas
Publicada el 25 de mayo de 2012 en El Día de Castilla-La Mancha.
Aquello era pundonor y lo de ahora ñoñerías. Mil doscientos alumnos y treinta maestros de escuela. Clases de a cuarenta. Las materias: las fundamentales; o sea, leer, escribir, espíritu nacional y poco más, en la expresión al uso. La gimnasia, proscrita. Algunos adornos, como el Inglés, eso, de adorno. Material didáctico: pizarra y tizas de colores. Laboratorios portátiles y diapositivas (nuevas tecnologías): a guardar, que se estropean. Atención a familias: dile a tu padre que de seguir así te daré un capón. Apoyo a los desfavorecidos: el que vale, vale, y el que no, que se ponga a trabajar.
Así fue y así hemos llegado hasta aquí, de manera que no veo por qué no podemos alcanzar otro nuevo hito con parecidas condiciones. Al fin y al cabo, los hijos de los pobres todavía no tienen un título universitario, y si lo tienen no les sirve porque les falta el máster y las amistades. El treinta por ciento fracasa todos los años, da igual el nivel que seleccionemos. Los psicólogos escolares no han evitado complejos, machismo, acosos. El Quijote seguimos sin leerlo. Premios Nobel, los justos: si se me apura, alguno menos que antes. El progreso cultural lo representa el salto de Paco Martínez Soria a «La que se avecina». Aumentamos las Humanidades y nos ilustramos con el Marca. Las Ciencias, y no inventamos el palo de la escoba. Continuamos siendo indisciplinados, defraudadores, trasnochadores y hablamos muy alto en los restaurantes.
No hemos mejorado nada a pesar del dinero invertido en educación. El colmo del fracaso es que ni siquiera supimos ver que el PP no nos iba a sacar del apuro. Por lo menos a la mayoría. Ahora hacen bien en no gastarse nuestro dinero en escuelas: que estén en el gobierno es la mejor prueba de que hacerlo no ha servido para nada.
Así fue y así hemos llegado hasta aquí, de manera que no veo por qué no podemos alcanzar otro nuevo hito con parecidas condiciones. Al fin y al cabo, los hijos de los pobres todavía no tienen un título universitario, y si lo tienen no les sirve porque les falta el máster y las amistades. El treinta por ciento fracasa todos los años, da igual el nivel que seleccionemos. Los psicólogos escolares no han evitado complejos, machismo, acosos. El Quijote seguimos sin leerlo. Premios Nobel, los justos: si se me apura, alguno menos que antes. El progreso cultural lo representa el salto de Paco Martínez Soria a «La que se avecina». Aumentamos las Humanidades y nos ilustramos con el Marca. Las Ciencias, y no inventamos el palo de la escoba. Continuamos siendo indisciplinados, defraudadores, trasnochadores y hablamos muy alto en los restaurantes.
No hemos mejorado nada a pesar del dinero invertido en educación. El colmo del fracaso es que ni siquiera supimos ver que el PP no nos iba a sacar del apuro. Por lo menos a la mayoría. Ahora hacen bien en no gastarse nuestro dinero en escuelas: que estén en el gobierno es la mejor prueba de que hacerlo no ha servido para nada.
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